Los libros de historia los
presentan como etnias lejanas, en la selva o comunidades rurales con costumbres
no urbanas, pero, no hace falta abrir una página para verlos en semáforos,
esquinas y lugares concurridos. Los indígenas deambulan por las calles
valencianas en busca de ayuda para sobrevivir.
Alicia no recuerda hace
cuánto se vino de Corrarito, cerca de la Sierra de Perijá, en la frontera con
Colombia. A los 15 años la trajeron a Valencia pero tampoco sabe hace cuánto
fue ni cuántos años tiene ahora. Su cédula desapareció y prefiere vivir sin
contar el tiempo.
Con un vestido floreado y
de encajes, hecho con sus manos, Alicia cuida una casa en Parque Valencia,
junto a sus siete hijas, aunque nacidas en la capital carabobeña, mantienen su
acento Yukpa. El resto de la comunidad con la que comparte se encuentra a unos
metros en la vía hacia Flor Amarillo.
Fuente: El Carabobeño
Escrito: Ana Rodríguez
Foto: Eduardo Valencia

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